Muchas son las veces que he escuchado de bocas de españoles,-los mismos que tienen trabajando de sol a sombra en su empresa a un inmigrante en condiciones pésimas y sin contrato-, que a los inmigrantes no se les respeta, que sólo son personas en busca de una vida mejor para su familia.
Pues ahora quiero contestarles a esas personas que alguna vez tacharon de xenófobos a aquellos indignados con ánimo emprendedor, que ya no saben de qué manera llorarle al banco para poner una empresa y que han visto con sus propios ojos y delante de sus narices cómo un inmigrante coloca una tienda en un abrir y cerrar de ojos y que estos mismos tengan múltiples facilidades e inclusos más baratos sus impuestos a pagar.
También quiero hablar en nombre de aquellos que están luchando noche y día por un trabajo y no lo encuentran porque su merecido puesto lo ocupa un inmigrante.
Dime, ¿cómo quieres que él los mire? ¿cómo uno mas?. ¿Cómo pretendes que calle y retenga su ira bajo la tráquea? No pueden, permito que vengan aquí por un trabajo para alimentar a su familia, pero no para arruinar a tres. El problema a esto radica cuando quieres buscar el origen de esta situación, y al contrario de todos los orígenes, éste no proviene de abajo, sino de arriba, de aquel que suponemos mira por nosotros, los españoles, y por el país al que constituimos, en cuya campaña electoral intenta defender a los inmigrantes para recibir muchos aplausos en forma de votos, llenando las urnas como carrito de supermercado.
Pues yo, señores, me presento como candidata a Presidenta del Gobierno, mirando más por los españoles que por mantener la imagen de una presidenta defensora de razas.
Como primera medida pondría a aquellas personas, tachadas de viejas, constituyentes de una familia que no tiene nada, con sólo 40 años o más, a trabajar en lugar de los extranjeros y en medida de lo posible todo para que esta persona no se sienta inútil ante una de 20 años y para que en una casa sean los padres los que alimenten a sus hijos y no al revés. Que el respeto y el poder radiquen, como toda la vida, desde la última generación a la cual provienen, esto es, si no fuera así, como ya está pasando, los padres andarían con una mano delante y otra atrás, puesto que una madre siempre está para sus hijos, pero no siempre los hijos para una madre.
Volviendo al tema, otra cosa que erradicaría es todo intento de comunicar, ya sea a través de sectas u otras medios, una religión que no sea la católica. Como nación que somos, ellos se tienen que adaptar a nuestra forma de vida y costumbres, no nosotros tolerar las suyas.
A aquellos que por esto se me van a lanzar al cuello, quiero que vayan a una nación musulmana con un plano de una iglesia católica para construirla allí, encantada, esperaré sentada a que vuelva.
Yo no tengo nada en contra de los inmigrantes, pero no puedo tolerar que tengan más comodidades que un español que paga sus impuestos para tener un medio seguro de vida y una seguridad social digna. Tampoco podría tratarlos como españoles cuando sólo tienen en la cabeza la idea de conseguir dinero para su país.
Estoy dispuesta a ayudar al país vecino, siempre y cuando, "mis hijos" coman, que final y claramente serán de los que viviré.
Pilar Alonso.
Históricamente hablando, España ha sido (recientemente) un país transmisor de inmigrantes. Ahora mismo lo está siendo (Alemania da puestos de empleo, por ejemplo) por culpa de la crisis.
ResponderEliminarCuando las cosas iban bien, recibíamos inmigración de países, sobre todo, africanos y sudamericanos. Aún hoy la recibimos, como podemos ver. El caso es que, cuando las cosas iban bien, esas personas pasaron a ser explotadas en España bajo las empresas: les ofrecían un contrato basura, cobrando una miseria, explotándolos con muchísimas horas de trabajo y ocupando los puestos más duros. Muchos de ellos son los únicos que pueden aportar dinero a sus familias en sus países.
¿Un inmigrante no es una persona? ¿Cómo deberías verlo entonces? Las fronteras no son nada. España no deja de ser un pedazo de tierra más, como lo es Francia o lo es Italia (ojo: me siento orgulloso de ser español) pero no deja de ser eso. Por encima de la identidad de un Estado, debe ir el de ciudadano del mundo, el de saberte persona y saberte semejante a cualquier persona, independientemente de la nacionalidad, el sexo, la religión o la cultura... España, concretamente, es un Estado de derecho, y, por lo tanto, un inmigrante puede venir aquí con su cultura y ésta debe ser tolerada, igual que él debe tolerar la cultura predominante del país.
Tu opinión es muy respetable, pero no estoy de acuerdo con ella. Llegaron aquí buscando un futuro, le dimos lo que no queríamos, y ahora, los queremos echar porque no tenemos lo que necesitamos.
http://www.youtube.com/watch?v=Zl8W6ddWfM8