lunes, 19 de noviembre de 2012

Madrid Arena, ¿culpables?


Si un niño entra en una obra y se le cae un andamio encima, ¿de quién es la culpa? ¿Del niño que sabiendo los peligros que pueden haber y dónde se está metiendo lo hace, de los obreros que no han construido bien el andamio, de la empresa que construye los componentes del andamio que no tienen suficiente fuerza ni rigidez para aguantar o del que se subió sin tener en cuenta que el niño estaba debajo? Lo normal, para que parezcamos una sociedad bondadosa, buscaríamos el culpable entre los últimos tres y defenderíamos al niño.
Pues a mí la bondad no me gusta, sólo se la ofrezco a quien se la merece, y se pueden contar con el puño cerrado.
Buscad los culpables entre: el Ayuntamiento, las autoridades, las constructoras, el arquitecto, quien sea, que yo me encargo de la otra parte, sí, los verdaderos culpables. Esa parte a la que ni siquiera se le ha reprochado nada sobre lo sucedido, esa parte que se respalda en que la sociedad siempre lo va a defender, pero no, y es a lo que quiero llegar, les van a proporcionar una seguridad plena. ¿No habéis escuchado nunca la frase: “si no te quieres a ti mismo, ¿quién te va a querer?”? Pues a eso me refiero, a la total independencia. Tú eres quién tienes que mirar por ti, no puedes ir por casa pidiendo tu “libertad” por tener 18 años con la típica frase: “ya soy mayorcita, mamá” repitiéndola como si de los buenos días se tratase y que cuando pasen estas cosas, hacerte la loca, de repente volver a ser pequeña, dejar de ser gallo y convertirse en gallina, esperando que la gente te dé la palmadita en la espalda mientras que a los organizadores, la puñalada.
Otra típica frase: “Mamá, que ya he madurado” y ésta la mira por la rajilla de la puerta y la ve sentada, estudiando, concentrada, sumisa, madura, sacándose el tercer y penúltimo año de Medicina y piensa: “qué responsable es, qué orgullosa me siento, no se parece a la juventud de hoy en día.” No sé ya si la culpa de esto lo tienen los adolescentes que sabemos cómo contentarlas o la falta de realidad y verdad en el conocimiento de la madre. Todas piensan que su hija es única y que es la más responsable, que controla lo que bebe, no fuma, y si lo hiciera, se lo diría, y sobre todo no, hablando claro y sin tapujos, folla. Pues a esas Señoras quiero abrirles los ojos, que vean lo que es capaz de hacer su hija por y con un cubata y una canción – no la llamemos música, por favor- que haga retumbar altavoces, que le haga vibrar el tímpano, y por qué y cómo no, lo incite al meneo, perdón, al “perreo” se le llama ahora, que consiste básicamente, para que ustedes me entendáis señoras, en follar con ropa, es una señal para decir, dar a entender: estoy libre, busca un sitio oscuro y hagamos lo que dice la canción, o sea, follemos.
Toda la juventud es arrastrada por esta ola, todos beben, casi todos fuman, todos quieren ser gallitos pero teniendo la cáscara del huevo. El culpable de esta ola, no son los padres, como todos dicen, para quitarse el muerto de encima. La culpa de esto la tiene la sociedad y los tiempos en los que vivimos. Dónde el alcohol no se puede ilegalizar, el tabaco tiene múltiples y diversas prohibiciones y el sexo se trata  como tabú.
¿Qué  creéis que se puede esperar de una juventud con una sociedad así y que encima la respalda? Pues la total inmadurez en una noche de desenfreno, y si encima se lo ponéis a huevo con una macrofiesta donde asistirán los mejores Dj’s, con sus mejores canciones, dónde en el pago de la entrada lleva al menos una consumición alcohólica y donde no controlan el consumo del tabaco, más aún. Sólo os queda repartir condones en la puerta y que en los cuartos de baño por tres euros sacar la píldora del día después, por si la talla se le quedó pequeña y no tuvieron más remedio.
En cuanto a los otros culpables decir, como gran negociadora que deseo ser, que la juventud es un grupo, un grupo que da dinero, al que yo, si fuera una gran negociadora, explotaría al máximo, y es lo que han estado haciendo los organizadores de fiestas en el Madrid Arena durante diez años, haciendo una caja tan grande, que Madrid es beneficiada, hace la vista gorda, y que las autoridades se desentiendan de la seguridad, proporcionando la mínima.

Yo lo veo bien, hacer negocio de lo que da dinero, yo lo haría, ahora, la única montaña que quisiera mover y ver es de dinero, no de personas.
El negocio está en la inmadurez de este grupo, por tanto, hay que dárselo todo hecho, pues, proporcionémosle una seguridad, unas condiciones mínimas, sino, se comportan como bebés, tocando lo que no deben, abriendo lo que no deben, comiendo lo que no deben y jugando a lo que no deben, de aquí la bengala.

No se les puede echar la culpa a estos negociadores, como he escuchado: “me parece increíble que no tengan corazón ninguno para proporcionar una seguridad a los adolescentes.” Pues señores, a mí lo que me parece increíble es que haga falta la muerte de personas, que salga en las noticias, claro está, para que la sociedad se escandalice, ¿a caso no conocían los madrileños las condiciones del Madrid Arena?

Ellos organizan, tú conoces, tú vas, entonces ¿Quién es el culpable? 

Pilar Alonso.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Crisis ¿Económica?


España va mal, lo mires desde donde lo mires, por donde lo mires, cuando lo mires y como lo mires.
Aún recuerdo con lágrimas en los ojos cuando salías a la calle sin pensar en la situación de casa. Cuando no veías a una madre llorar, rota de dolor, por no poder darle a su hijo la vida y el futuro que se merece, por no poder garantizarle un techo, por no poder llegar a final de mes, cuando no la veías llorar por eso mismo, por meros y complejos números. Sí, la economía de España ronda por los suelos, cada vez más abajo, incluso algunas familias ya no están ahí, sino en el sótano, con cada vez menos posibilidades de ver la luz, de encontrar una puerta, de subir una escalera, de ni siquiera poder mirar por una ventana. Sí, estamos sumergidos en una brutal crisis ¿económica? Me pone en duda, cierto es, que es de la que más se habla, la que nos ha llevado a la ruina, de la que por ella nos desahucian, que por ella no llegamos a final de mes, sí, cierto es, pero yo, aún recuerdo cuando la gente se movía por el corazón, no por el metal, se movían para el bien, no para evitar el mal, se movían gracias a la justicia, y no, en busca de ella.
Recuerdo un mundo donde la moral de los niños no se veía corrompida por las discusiones de los padres. Donde un matrimonio era para toda la vida, donde sus corazones estaban unidos, eran respetados y curados mutuamente. No había matrimonios de conveniencia.
Recuerdo cuando era pequeña, que gran parte de lo que aprendí fue de la calle, ahora por más que busco… Primero, ¿dónde están los niños? Y segundo ¿de qué tienen que aprender? Los niños, el día de mañana, estarán equivocados, creerán que las huelgas son buenas, que es la única forma de manifestarse, que la justicia es mediocre, que los policías ya no están para proteger al pueblo, que así es como funciona el mundo. ¿Qué valores van a aprender de la calle si en la calle del único valor del que se habla es el del dinero? ¿Qué van a aprender de la calle si ni siquiera saben lo que es? ¿Cómo van a aprender a levantarse si lo único que se la cae es el Internet? ¿Qué educación van a recibir de un colegio que elimina los libros por un teclado? ¿Qué educación van a recibir de centros que quieren apartar en mesas a los niños que pagan el comedor de los niños que comen a través del tupper? Espera, ¿a esto se le puede llamar educación? Si la generación de nuestros padres tiene miedo por como avanza la tecnología en estos tiempos, por cómo han cambiado los tiempos, por cómo han cambiado las costumbres de la juventud, yo lo tengo por cómo va a retroceder en valores la generación próxima, qué futuro le espera a un hijo, cuando se diga que va a llegar lejos en la vida, ¿cuánto de lejos estamos hablando?, ¿dónde queda recogido ese término?, ¿hasta dónde abarca?
 Pues a esto tengo miedo, a la educación, a la educación que van a recibir. Se dice que el miedo proviene de lo desconocido, y tanto, ¿cómo acabará esto? Es más ¿acabará? Los afortunados que aún hoy podéis pagar un techo y tenéis miedo de perderlo, los que tenéis una empresa y tenéis miedo llegar a la ruina, los que tenéis miedo a las cartas del banco, decidme, ¿no os da más miedo la España en la que nos estamos convirtiendo? A los que sólo contáis el valor del dinero, ¿qué valor tiene esto? ¿No os da pena esta situación? ¿No os remueve nada por dentro? Pero… ¿y si los equivocados somos nosotros? ¿Y si nosotros nos hemos criado mediante “mimos” y cuando viene el rechazo y los tiempos difíciles buscamos el bajo de cualquier pierna?, o sea, ¿de verdad creemos que una sola persona nos va a sacar de esto?
 ¿Y si no sabemos valernos por nosotros mismos como nación? Espera, ¿Qué nación?, ¿aquí tenemos el sentido patriótico? ¿Aquí que cada uno tira para lo suyo, que nos sentimos andaluces, gallegos, vascos, catalanes ante que españoles? ¿Y así queremos salir de la crisis? ¿Sabéis cómo España ganó a Francia entre 1808 y 1813 en la Guerra de la Independencia? Ahí no había catalanes, ni andaluces, ni vascos, ni gallegos, ahí había españoles, únicamente, amigos contra enemigos. Si en esa guerra cada uno hubiera batallado por su lado y para su beneficio, ¿pensáis que hubiéramos ganado?
España está rota, la mires desde abajo a arriba o desde arriba a abajo, por la izquierda o por la derecha, recién levantado o antes de dormir, si es que puedes, con los dos ojos, o con el corazón.  Mientras tenemos familias que están haciendo lo imposible por conseguir un mísero euro, otros, los que se encuentran en la azotea, se preocupan por mantenerle a España una imagen, y porque ellos mismos no se manchen de esta mierda que nos rodea. Sí, si la miras de lejos todo se ve mejor, sólo se ve una cagarruta marrón, que si preguntas alrededor, te contarán lo que saben, lo que oyen por los medios de comunicación, te la describirán de cabo a rabo, sin saltarse detalle, y tú dirás:  joder, sí que están mal. Pero yo no quiero que tú digas, o que tú veas, yo quiero que te acerques y huelas, que la pises y veas que por mucho que limpies el zapato, seguirá oliendo.
Por tanto, ¿cómo es la crisis? ¿Económica? Esa pasará, algunos sobrevivirán, otros se hundirán, pero ésta, la crisis moral, quedará para los siglos, no se recuperará, siquiera parcialmente. Da miedo ¿eh?