Si un niño entra en una obra y se le cae un andamio
encima, ¿de quién es la culpa? ¿Del niño que sabiendo los peligros que pueden haber
y dónde se está metiendo lo hace, de los obreros que no han construido bien el
andamio, de la empresa que construye los componentes del andamio que no tienen
suficiente fuerza ni rigidez para aguantar o del que se subió sin tener en
cuenta que el niño estaba debajo? Lo normal, para que parezcamos una sociedad
bondadosa, buscaríamos el culpable entre los últimos tres y defenderíamos al
niño.
Pues a mí la bondad no me gusta, sólo se la ofrezco a
quien se la merece, y se pueden contar con el puño cerrado.
Buscad los culpables entre: el Ayuntamiento, las
autoridades, las constructoras, el arquitecto, quien sea, que yo me encargo de
la otra parte, sí, los verdaderos culpables. Esa parte a la que ni siquiera se
le ha reprochado nada sobre lo sucedido, esa parte que se respalda en que la
sociedad siempre lo va a defender, pero no, y es a lo que quiero llegar, les
van a proporcionar una seguridad plena. ¿No habéis escuchado nunca la frase: “si
no te quieres a ti mismo, ¿quién te va a querer?”? Pues a eso me refiero, a la
total independencia. Tú eres quién tienes que mirar por ti, no puedes ir por
casa pidiendo tu “libertad” por tener 18 años con la típica frase: “ya soy
mayorcita, mamá” repitiéndola como si de los buenos días se tratase y que
cuando pasen estas cosas, hacerte la loca, de repente volver a ser pequeña,
dejar de ser gallo y convertirse en gallina, esperando que la gente te dé la
palmadita en la espalda mientras que a los organizadores, la puñalada.
Otra típica frase: “Mamá, que ya he madurado” y ésta la
mira por la rajilla de la puerta y la ve sentada, estudiando, concentrada,
sumisa, madura, sacándose el tercer y penúltimo año de Medicina y piensa: “qué
responsable es, qué orgullosa me siento, no se parece a la juventud de hoy en
día.” No sé ya si la culpa de esto lo tienen los adolescentes que sabemos cómo
contentarlas o la falta de realidad y verdad en el conocimiento de la madre.
Todas piensan que su hija es única y que es la más responsable, que controla lo
que bebe, no fuma, y si lo hiciera, se lo diría, y sobre todo no, hablando
claro y sin tapujos, folla. Pues a esas Señoras quiero abrirles los ojos, que
vean lo que es capaz de hacer su hija por y con un cubata y una canción – no la
llamemos música, por favor- que haga retumbar altavoces, que le haga vibrar el
tímpano, y por qué y cómo no, lo incite al meneo, perdón, al “perreo” se le
llama ahora, que consiste básicamente, para que ustedes me entendáis señoras,
en follar con ropa, es una señal para decir, dar a entender: estoy libre, busca
un sitio oscuro y hagamos lo que dice la canción, o sea, follemos.
Toda la juventud es arrastrada por esta ola, todos beben,
casi todos fuman, todos quieren ser gallitos pero teniendo la cáscara del
huevo. El culpable de esta ola, no son los padres, como todos dicen, para
quitarse el muerto de encima. La culpa de esto la tiene la sociedad y los
tiempos en los que vivimos. Dónde el alcohol no se puede ilegalizar, el tabaco
tiene múltiples y diversas prohibiciones y el sexo se trata como tabú.
¿Qué creéis que se
puede esperar de una juventud con una sociedad así y que encima la respalda?
Pues la total inmadurez en una noche de desenfreno, y si encima se lo ponéis a
huevo con una macrofiesta donde asistirán los mejores Dj’s, con sus mejores
canciones, dónde en el pago de la entrada lleva al menos una consumición
alcohólica y donde no controlan el consumo del tabaco, más aún. Sólo os queda
repartir condones en la puerta y que en los cuartos de baño por tres euros
sacar la píldora del día después, por si la talla se le quedó pequeña y no
tuvieron más remedio.
En cuanto a los otros culpables decir, como gran
negociadora que deseo ser, que la juventud es un grupo, un grupo que da dinero,
al que yo, si fuera una gran negociadora, explotaría al máximo, y es lo que han
estado haciendo los organizadores de fiestas en el Madrid Arena durante diez
años, haciendo una caja tan grande, que Madrid es beneficiada, hace la vista
gorda, y que las autoridades se desentiendan de la seguridad, proporcionando la
mínima.
Yo lo veo bien, hacer negocio de lo que da dinero, yo lo
haría, ahora, la única montaña que quisiera mover y ver es de dinero, no de
personas.
El negocio está en la inmadurez de este grupo, por tanto,
hay que dárselo todo hecho, pues, proporcionémosle una seguridad, unas
condiciones mínimas, sino, se comportan como bebés, tocando lo que no deben,
abriendo lo que no deben, comiendo lo que no deben y jugando a lo que no deben,
de aquí la bengala.
No se les puede echar la culpa a estos negociadores, como
he escuchado: “me parece increíble que no tengan corazón ninguno para
proporcionar una seguridad a los adolescentes.” Pues señores, a mí lo que me
parece increíble es que haga falta la muerte de personas, que salga en las
noticias, claro está, para que la sociedad se escandalice, ¿a caso no conocían
los madrileños las condiciones del Madrid Arena?
Ellos organizan, tú conoces, tú vas, entonces ¿Quién es
el culpable?
Pilar Alonso.