sábado, 23 de febrero de 2013

"Soy español, ¿a qué quieres que te gane?"


España, deportivamente hablando, sí es verdad que se encuentra en la cima debido a las continuas victorias. Y que gracias a ellas nos estamos convirtiendo en una verdadera amenaza en cuanto a Campeonatos. Pero también es verdad que España, cuando va bien en una cosa, descuida otra.
El último triunfo deportivo español le corresponde al equipo de balonmano en el Campeonato del Mundo frente a Dinamarca. Este triunfo muestra un claro ejemplo, para quien lo pueda ver,  de ese descuido del que hablo. Mientras conseguimos respeto con el deporte, la desastrosa formación, la penosa educación y le falta de fomentación de la cultura se encarga de quitarnos lo mucho o poco que ganemos. Pero este triunfo no sólo me ha mostrado esto, me ha mostrado una serie de comportamientos posteriores, vamos, que se suelen repetir normalmente, bueno, siempre, y que me he dedicado a observar.

Primero, el poco interés y respeto o la indiferencia, como lo queráis llamar, que se observan en los informativos hacia una victoria española de cualquier modalidad deportiva que no sea el fútbol. El hecho de dedicarle una semana, programas específicos inclusive, a una victoria de la selección española de fútbol y por el contrario unos míseros minutos a cualquier otro triunfo deportivo no futbolístico es un hecho que me enerva verdaderamente. Y cuando digo verdaderamente es verdaderamente, me molesta, me irrita, pero luego, cuando recuerdo y digo: “¡Ah, es verdad! Lo que pasa es que esto no da audiencia y no se pueden permitir minutos en vano. Se me olvidada que ahora todos los informativos se enfrentan para ser el más visto. Es que eso es más importante. Claro, ¡Qué desfachatez no haberlo pensado antes! ¿Cómo no he podido darme cuenta que ahora los “in-forma-tivos” no buscan” informar”, ni mucho menos “formar”?” , baja la irritación, entro en razón y digo: “Claro, qué se puede esperar de algo que mira el dinero, de algo, que como ya he dicho antes, le falta el respeto. Por suerte, los que se alegran de verdad, aún saben darle el valor que se merece esa victoria” y así me tranquilizo, pienso y escribo: “Enhorabuena equipo, enhorabuena.”

Por otra parte y sin tener nada que ver y que sinceramente me da mucha alegría, a los miembros del equipo tal vez no, es el hecho de no tener, cada jugador, sus correspondientes clubs de fans de chicas excitadas. Esto ocurre por el supuesto “incumplimiento” del prototipo de un deportista, ya sabéis como es, cachas, alto, fuerte… Me alegra verdaderamente porque hay mucha gente, mucha, a “puñaos”, que piensa que este incumplimiento del prototipo es un hándicap a la hora de denominarlo deportista, a los que le han hecho callar y tragarse las palabras.
Fíjate que yo, precisamente, denomino deportista a aquel que se levanta todas las mañana por voluntad propia y sale a realizar su ejercicio diario que a aquel cuya única motivación sea su nómina a final de mes. Si a estos le quitas el sueldo, se quedan acostados. Seguro.

Como último, lo que colma el vaso, es el aumento del sentimiento patriótico ante una victoria deportiva. Un patriotismo y un orgullo falsos, puesto que, a la frase: “Soy español, ¿a qué quieres que te gane?”, por cierto,  escuchada en bocas de independentistas catalanes y en general, en nacionalistas, que no son pocos, podrían contestarte fácil y desahogadamente: “A premios Nobel de Física, Química y Economía”.
Yo voto por esta especie de patriotismo ya que es una de las pocas cosas hoy día de las que nos podemos sentir orgullosos y de la que podemos presumir. Pero que quede claro, que en medio de toda esta chulería que nos provoca estar en la cima lo que dejamos atrás es más importante. Propio de esconder o tapar, por vergüenza más que nada.

Pilar Alonso.

La Historia se repite.


Ayer, haciendo un comentario sobre Luces de Bohemia  un libro escrito por Ramón María del Valle-Inclán en el que se muestra la España de la época, corrupta, injusta, llena de movimientos obreros revolucionarios… Me dí cuenta que si comparamos la España de 1924, con la de 2013, ochenta y nueve años después, la situación es la misma, es más, me atrevería a decir que incluso la actual podría envidiarle a la de 1924. Al menos en valores.

No hay más que sentarse y encender la tele, ver cinco minutos de noticias y tener ganas de salir a la calle, en busca de los políticos que a consta del dinero público, sí, ese que algunos tienen que conseguirlo jugándose la vida o la salud, o lo que es peor, la dignidad, ese con el que estos políticos se limpian el culo, se permiten vivir la vida, y lo que es peor, dormir.

Claro está, que el tema de la corrupción no es nuevo, lleva mucho tiempo vigente, pero siempre ha estado muy bien escondido. Ahora, después de millones y millones robados, gastados, tirados y lo que es peor, comprados, se han dedicado los medios de comunicación, supongo que por las noticias que le llegan, a revelar, sumando cada vez más, estos delitos. Y ahora llega la indignación de la sociedad, las mentiras entre políticos, la decisión del juez-muy justa sea dicho-, la crispación de los que trabajan, cayéndoseles las manos, por el sueldo que de media gasta un político al día. Ahora llega el momento en el que uno se acuesta, intenta dormir indignado y como siempre piensa… Piensa en la situación del país, de la sociedad, de la economía hasta que llega a la de casa. Esa situación que sientes que en cualquier momento no muy lejano ni la podrás llamar así. Y te vienes abajo. Y es cuando voy yo y reflexiono si vale la pena enterarse de tales delitos, de tales injusticias, de tales barbaridades. Si vale la pena quedarse sin dormir y sin vivir por culpa de estos impresentables que se dedican a quitar sueños, ilusiones y futuros. Si tengo que callarme esperando que la justicia haga algo. Si tengo que creerme las palabras del que intenta tapar la verdad. Y decido que no. Que aunque no consiga nada, sí, nada porque gracias a esta auténtica y respetable democracia podemos salir a las calles a protestar, como los revolucionarios de 1924, sin consecuencias. Porque se nos respeta y en ningún momento-sería ya el colmo- nos intentan hacer daños. Entonces, como vivimos en una muy buena democracia donde el gobierno y en general todos los partidos están presididos por gente coherente y respetable que se preocupa del ciudadano y de lo que opina, cuando salimos a la calle, inmediatamente llega un grupo de gente, muy rara vestida, y empiezan a soltar palabras, argumentos, empezamos a negociar y a votar proyectos de mejoras. Joder, y entonces nos sentimos importantes, nos sentimos que somos algo más que simples maniquíes-por supuesto, manejados por ellos- que sólo le interesamos a la hora de votar. Fíjate, casualmente se parece al caciquismo. Se parece, sólo. Aún no hemos llegado a “pedirle” el voto a un muerto. Aún.
Resumiendo, que quedaría claro que no conseguiría nada. Y ya que por lo menos no consigo nada, me voy a permitir el lujo de dormir, el lujo de soñar y el lujo de vivir. Me voy a permitir el lujo de poder molestar a estos que intentan manejarme con mis mayores sonrisas, mis mayores expectativas hacia mi futuro y mi entusiasmo por querer sacar otra nueva empresa fuera de España. Que voy a molestarles viviendo mi realidad y no las que ellos quieren que viva.

Voy a hacerles ver que el poder lo tienen gracias al ciudadano y que el poder del ciudadano no dependen de ellos. He aquí nuestra grandeza. Para que veáis, que aún así, después de toda esta miseria, seguimos siendo grandes, seguimos siendo personas. Seguimos siendo prácticamente, mientras ustedes dejáis de ser.

Me vendieron la Historia como el estudio de los errores del pasado para no cometerlos en el presente…y ya ves. Qué animal está hecho el hombre.

Pilar Alonso.

jueves, 7 de febrero de 2013

Leer es bueno.

Sí, hay que estar orgullosa de ver a una niña leer. Orgullosa por esa fortuna que le ha tocado. Hay que estarlo porque aquí, en España, no se puede decir que la cultura sea buena o mala, simplemente  no existe o no está fomentada. Muchas son las veces que se ha intentado fomentar la lectura en el colegio, en el pueblo e incluso en este país sin éxito. Nos están intentando vender un producto, pero malamente. A ver, ¿ A quién se lo quieres vender? ¿ A un adolescente? Pues, si te quieres ganar a un adolescente de 13 o 14 años como mejor se consigue es "pasando de la lectura", quiero decir, no hace falta que venga alguien bien vestido y diga que leer es bueno. Hace falta alguien que lleve leyendo toda su vida y que sea su pasión. Alguien que no te obligue y te deje deliberar. Alguien que te diga: "aquí tienes la biblioteca, coge el libro que quieras. Si no quieres ninguno muy bien, pero esta puerta queda cerrada, cerrada a otras tantas". Y yo  creo que a cualquier adolescente, vamos, cualquier persona-no ignorante, se entiende- la frase "esta puerta queda cerrada" le produce algo, la marca, le llama la atención. Y la frase "cerrada a otras tantas" no le deja tranquila la conciencia a no ser que salga con un libro en la mano.
Otro de los fallos es el hecho de aconsejar, de diferenciar entre libros buenos y malos, diferenciar entre autores. Siempre, y digo siempre, nos intentaron vender la lectura para mejorar la ortografía, porque ayuda, porque abre mentes... Pero siempre, y digo siempre, se olvidaron del sentimiento, lo que hace engancharte, emocionarte y llevarte horas delante de un libro como si fueran minutos. Se olvidaron de que cuando un libro gusta, no se miran las páginas. Se olvidaron de que, a diferencia de muchos adolescentes que sólo le interesan las páginas, es más, es la primera información que da un profesor cuando presenta un libro, la lectura no es una cuenta atrás sino un mundo adelante, una historia, una vida.
Los libros no se diferencian, lo que se diferencian son las personalidades, los estilos, los gustos. Ya pueda ser un libro el número uno en ventas, que si no no te hace perder la noción del tiempo, si no te hace sentir,  para ti ese autor no habrá escrito absolutamente nada. Pero al igual ese libro puede ser entusiasmante, magnífico e inigualable para otra persona.
Sólo me queda decir que me da mucha pena, mucha, que haya que sentirse orgullosa por ver a UNA niña leer, pero más pena me da la persona que llega y se lo reconoce. Esto es lo que en cierto modo debería hacer la gente si queremos que a los españoles no se nos trate como "incultos". Dejad de halagar al que hace lo que debe y abrirle los ojos a quien debe hacerlo y no lo hace. Id a las personas ricachonas, adineradas, las que generalmente pasan de esto por el hecho de tener dinero o una familia adinerada y decidles que por mucho dinero que tengan el Siglo de Oro no se compra en joyerías. Que como decía Oscar Wilde:
-"El hombre conoce el precio de todo y el valor de nada".

Pilar Alonso.