España, deportivamente hablando, sí es verdad que se
encuentra en la cima debido a las continuas victorias. Y que gracias a ellas
nos estamos convirtiendo en una verdadera amenaza en cuanto a Campeonatos. Pero
también es verdad que España, cuando va bien en una cosa, descuida otra.
El último triunfo deportivo español le corresponde al equipo
de balonmano en el Campeonato del Mundo frente a Dinamarca. Este triunfo
muestra un claro ejemplo, para quien lo pueda ver, de ese descuido del que hablo. Mientras
conseguimos respeto con el deporte, la desastrosa formación, la penosa
educación y le falta de fomentación de la cultura se encarga de quitarnos lo
mucho o poco que ganemos. Pero este triunfo no sólo me ha mostrado esto, me ha
mostrado una serie de comportamientos posteriores, vamos, que se suelen repetir
normalmente, bueno, siempre, y que me he dedicado a observar.
Primero, el poco interés y respeto o la indiferencia, como
lo queráis llamar, que se observan en los informativos hacia una victoria
española de cualquier modalidad deportiva que no sea el fútbol. El hecho de
dedicarle una semana, programas específicos inclusive, a una victoria de la
selección española de fútbol y por el contrario unos míseros minutos a
cualquier otro triunfo deportivo no futbolístico es un hecho que me enerva
verdaderamente. Y cuando digo verdaderamente es verdaderamente, me molesta, me
irrita, pero luego, cuando recuerdo y digo: “¡Ah, es verdad! Lo que pasa es que
esto no da audiencia y no se pueden permitir minutos en vano. Se me olvidada
que ahora todos los informativos se enfrentan para ser el más visto. Es que eso
es más importante. Claro, ¡Qué desfachatez no haberlo pensado antes! ¿Cómo no
he podido darme cuenta que ahora los “in-forma-tivos” no buscan” informar”, ni
mucho menos “formar”?” , baja la irritación, entro en razón y digo: “Claro, qué
se puede esperar de algo que mira el dinero, de algo, que como ya he dicho
antes, le falta el respeto. Por suerte, los que se alegran de verdad, aún saben
darle el valor que se merece esa victoria” y así me tranquilizo, pienso y
escribo: “Enhorabuena equipo, enhorabuena.”
Por otra parte y sin tener nada que ver y que
sinceramente me da mucha alegría, a los miembros del equipo tal vez no, es el
hecho de no tener, cada jugador, sus correspondientes clubs de fans de chicas
excitadas. Esto ocurre por el supuesto “incumplimiento” del prototipo de un
deportista, ya sabéis como es, cachas, alto, fuerte… Me alegra verdaderamente
porque hay mucha gente, mucha, a “puñaos”, que piensa que este incumplimiento
del prototipo es un hándicap a la hora de denominarlo deportista, a los que le
han hecho callar y tragarse las palabras.
Fíjate que yo, precisamente, denomino deportista a aquel
que se levanta todas las mañana por voluntad propia y sale a realizar su
ejercicio diario que a aquel cuya única motivación sea su nómina a final de
mes. Si a estos le quitas el sueldo, se quedan acostados. Seguro.
Como último, lo que colma el vaso, es el aumento del
sentimiento patriótico ante una victoria deportiva. Un patriotismo y un orgullo
falsos, puesto que, a la frase: “Soy español, ¿a qué quieres que te gane?”, por
cierto, escuchada en bocas de
independentistas catalanes y en general, en nacionalistas, que no son pocos,
podrían contestarte fácil y desahogadamente: “A premios Nobel de Física,
Química y Economía”.
Yo voto por esta especie de patriotismo ya que es una de las
pocas cosas hoy día de las que nos podemos sentir orgullosos y de la que
podemos presumir. Pero que quede claro, que en medio de toda esta chulería que
nos provoca estar en la cima lo que dejamos atrás es más importante. Propio de
esconder o tapar, por vergüenza más que nada.
Pilar Alonso.