Hace mucho tiempo que deseaba escribirte, que quería dedicarte unas palabras. Unas palabras llenas de sentimientos.
Hace muchos años que nos conocemos, de hecho, lo mucho o poco que recuerdo de mi infancia, tú siempre estabas allí. De protagonista o de personaje secundario. Recuerdo cómo desde pequeña ya me hacías sentir. Sentir cosquilleos, sentir adrenalina, quizás amor. Recuerdo que a veces me hacías hasta llorar y otras, bailar. Qué poder podías llegar a tener en mí. Recuerdo pensarte, querer estudiar cada parte que te forma, querer tocarte, pero siempre echaba el paso hacia atrás. Quizás fuese miedo a no poder darte todo lo que deseaba darte en ese momento, no sentirme a la altura. O quizás sólo hacía poner excusas.
Recuerdo ya de pequeña querer dormir y levantarme contigo. Quería tenerte a todas horas. Que me acompañaras allá donde fuera. A veces, cuando estaba contigo, no quería que nadie nos interrumpiera, aunque no estuviésemos haciendo nada. El hecho de tenerte a solas, de tenernos a solas...era increíble. Aún se me ponen los pelos de puntas cuando lo recuerdo. Pero también recuerdo esa frustación de no poder tocarte...¿a solas?, sí, ¿conmigo?, también, pero yo quería ir más allá.
A veces sólo era obsesión y me pasaba horas y horas pensando en ti, deseando poder tener un momento contigo, un momento que poder hacer nuestro. Otras, ni me acordaba, pasaban los días y, eso, pasaban, sin más.
Cuando pasaron unos años y crecí, me hablabas. Sentía que me hablabas. Quizás fuese yo la que te buscaba y hacía que me dijeras lo que yo quería escuchar, pero fuera como fuere, me hablabas.
Y poco a poco, alzándome de valor, llegó el día en el que decidí resolver esa frustación. Decidí ir a por ti. Decidí querer entenderte y entender por qué siempre has estado presente. Decidí estudiar cada parte que te forma, para así, si tú me hablabas, poder responderte.
Y aquí estoy. Sincerándome. Reconociendo que puedes hacer conmigo lo que quieras. Que cuanto más intento conocerte, más me pierdo. Declarándote mi más humilde respeto. Humilde por que sé que tú siempre serás mi maestro. Quien sabe cómo callarme, cómo alegrarme, cómo hacerme llorar, cómo arroparme.
Tú, que siempre, cuando te he necesitado, has estado, cuando, ni siquiera te he buscado, has aparecido, tú, que me has perdonado cuando te he abandonado. Tú, que me tienes y no lo sabes. Tú, que cuando me dices ven lo dejo todo. Tú, que me has enseñado tanto y te he agradecido tan poco...Tú, que cuando me he sentido sola, has llenado todo vacío. Tú, que sabes todos y cada uno de mis pensamientos. Tú, que parece que tienes que aparecer para que mis sentimientos empiecen a fluir. Tú, que haces parar el tiempo. Tú, que me haces cerrar los ojos para ver. Tú, que sólo contigo soy yo. Tú, que al llegar la noche, al acabar mi día, siempre estás en mi cama. Tú, que hasta he llegado a dormirme contigo y cuando me he desvelado y te he escuchado, me ha sido inevitable sonreír.
Tú, que me arrodillo ante ti y te suplico que me sigas hasta el final de mis días. Tú, que sé que este lenguaje no lo entiendes, que no es tu código, pero, hasta ahora es lo poco que de mucho puedo agradecerte.
Tú, que siempre tienes la clave para que salga el sol.
Tú, Música.
Pilar Alonso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario