Ayer, haciendo un comentario sobre Luces de Bohemia un libro escrito por Ramón María del Valle-Inclán en el que se muestra la España de la época, corrupta, injusta, llena de
movimientos obreros revolucionarios… Me dí cuenta que si comparamos la España de 1924, con la de 2013, ochenta y nueve años
después, la situación es la misma, es más, me atrevería a decir que incluso la
actual podría envidiarle a la de 1924. Al menos en valores.
No hay más que sentarse y encender la tele, ver cinco minutos de
noticias y tener ganas de salir a la calle, en busca de los políticos que a
consta del dinero público, sí, ese que algunos tienen que conseguirlo jugándose
la vida o la salud, o lo que es peor, la dignidad, ese con el que estos
políticos se limpian el culo, se permiten vivir la vida, y lo que es peor,
dormir.
Claro está, que el tema de la corrupción no es nuevo, lleva mucho tiempo
vigente, pero siempre ha estado muy bien escondido. Ahora, después de millones
y millones robados, gastados, tirados y lo que es peor, comprados, se han
dedicado los medios de comunicación, supongo que por las noticias que le
llegan, a revelar, sumando cada vez más, estos delitos. Y ahora llega la
indignación de la sociedad, las mentiras entre políticos, la decisión del juez-muy
justa sea dicho-, la crispación de los que trabajan, cayéndoseles las manos,
por el sueldo que de media gasta un político al día. Ahora llega el momento en
el que uno se acuesta, intenta dormir indignado y como siempre piensa… Piensa
en la situación del país, de la sociedad, de la economía hasta que llega a la
de casa. Esa situación que sientes que en cualquier momento no muy lejano ni la
podrás llamar así. Y te vienes abajo. Y es cuando voy yo y reflexiono si vale
la pena enterarse de tales delitos, de tales injusticias, de tales
barbaridades. Si vale la pena quedarse sin dormir y sin vivir por culpa de
estos impresentables que se dedican a quitar sueños, ilusiones y futuros. Si
tengo que callarme esperando que la justicia haga algo. Si tengo que creerme
las palabras del que intenta tapar la verdad. Y decido que no. Que aunque no
consiga nada, sí, nada porque gracias a esta auténtica y respetable democracia
podemos salir a las calles a protestar, como los revolucionarios de 1924, sin
consecuencias. Porque se nos respeta y en ningún momento-sería ya el colmo- nos
intentan hacer daños. Entonces, como vivimos en una muy buena democracia donde
el gobierno y en general todos los partidos están presididos por gente
coherente y respetable que se preocupa del ciudadano y de lo que opina, cuando
salimos a la calle, inmediatamente llega un grupo de gente, muy rara vestida, y
empiezan a soltar palabras, argumentos, empezamos a negociar y a votar
proyectos de mejoras. Joder, y entonces nos sentimos importantes, nos sentimos
que somos algo más que simples maniquíes-por supuesto, manejados por ellos- que
sólo le interesamos a la hora de votar. Fíjate, casualmente se parece al
caciquismo. Se parece, sólo. Aún no hemos llegado a “pedirle” el voto a un
muerto. Aún.
Resumiendo, que quedaría claro que no conseguiría nada. Y ya que por
lo menos no consigo nada, me voy a permitir el lujo de dormir, el lujo de soñar
y el lujo de vivir. Me voy a permitir el lujo de poder molestar a estos que
intentan manejarme con mis mayores sonrisas, mis mayores expectativas hacia mi
futuro y mi entusiasmo por querer sacar otra nueva empresa fuera de España. Que
voy a molestarles viviendo mi realidad y no las que ellos quieren que viva.
Voy a hacerles ver que el poder lo tienen gracias al ciudadano y que el poder del ciudadano no dependen de ellos. He aquí nuestra grandeza. Para que veáis, que aún así, después de toda esta miseria, seguimos siendo grandes, seguimos siendo personas. Seguimos siendo prácticamente, mientras ustedes dejáis de ser.
Me vendieron la Historia como el estudio de los errores del pasado
para no cometerlos en el presente…y ya ves. Qué animal está hecho el hombre.
Pilar Alonso.
No sé si tienes ideología política concreta, pero estoy seguro de que no hay que tener ideología para escribir esto.
ResponderEliminarNo voy a decir nada, porque creo que lo que pensamos gran parte de los españoles lo has expresado tú, y no sólo eso: nos has recordado que, aún en estado prácticamente de depresión, el poder de todo lo tiene el pueblo.